Cuando todos los sueños han dejado paso a la realidad y lo que ves parece monocromático en gris, resurge una luz eterna encargada de bañar todo en color. En muchos casos, esa luz no llega y esperas una era que jamás llegará. Todo lo que te rodea son cenizas de una llama inapreciable y sin energia. Bienvenido a mi mundo, yo te guiaré entre sombras.

martes, 29 de marzo de 2011

Lenneth Reinhilde


“Me desperté en una oscuridad casi total que parecía provocada por la persona que se encontraba sentada en la butaca en frente, fumando. Solo le distinguía una media sonrisa y unos ojos atigrados. Con una voz sosegada y segura me dijo que sabía que estaba despierta y que a partir de ese momento la Lenneth que todo el mundo conocía, hasta la que yo misma recordaba, había muerto. En su lugar me encontraba yo, hija de la noche”.

Hace 25 años que fui abrazada. A la semana escribí la primera página de La bitácora interminable, mi diario de vampira. Lo que comenzó con las palabras anteriores, como una chiquillada se ha convertido en mi forma de contar lo que me ocurre a algo que no beba sangre, porque a pesar de ser una Lasombra, mantengo la Mascarada.

Hace ya 25 años que no paso de mis 22 años de humana. No obstante mi físico siempre ha hecho pensar que aparento menos, y con más razón desde que la luz solar me convierte en polvo. A pesar de parecer una chiquilla de unos 17 años, alaban la madurez y seguridad de mi mirada desprendidas en la claridad de las luces de la noche en el río constante.

Mi sire me comparaba burdamente con la Luna, pálida y altiva en medio de la oscuridad. Sin embargo mi vida, en realidad, comenzó mucho antes de coincidir con mi sire en medio de la noche.
Nací en Inglaterra hace casi 50 años. A mis padres nunca les faltó el dinero, porque venían de una familia que se cimentó una buena economía durante el boom. Apenas llegaron a notar la crisis porque vendieron antes sus acciones. A mis ellos mantener dicho estatus social les suponía viajar muchísimo a lo largo y ancho de toda Europa y Estados Unidos, gracias a lo cual pase mis años de Universidad en Paris (donde fui abrazada), y en Estados Unidos donde saque mi carnet de conducir, que más tarde tuve que validar para poder utilizarlo en Europa.

Supongo que porque no estaba más de un año en el mismo sitio, no hice muchos amigos, no tenia una escuela y un instituto como la mayoría de niños, pero no me sentía especialmente sola. Nunca me molestó estar sola. Mi mejor amigo fue el mayordomo que teníamos en casa, el único que me tuteló una vez ocurrió ese incidente.

Aquello que supuso un cambio drástico en mi modo de entender la vida y la muerte.
Pase de ser una niña alegre que  iba a ballet y piano para agradar a sus padres, a una chica que necesitaba sus clases de defensa personal para descargar la rabia contenida. Teniendo yo unos 17 años mis padres tuvieron un accidente de tráfico mientras vivía yo en Estados Unidos.

Durante ese año, saqué mi licencia de armas, seguí en clases de defensa personal y karate durante el tiempo anterior a la universidad…. Y me sentí libre.

Sí, terminé ese último año de instituto  con una cantidad de conocidos y amigos que jamás había tenido. Era joven, agraciada, misteriosa y a la vez sacaba buenas notas.  Fui nombrada delegada de curso y siempre tenía mucha gente a mi alrededor, en concreto mi mejor amiga Cecile que fue la que, al terminar, más me animó a ir a estudiar a Francia con ella. 

En cierto modo me sentía un poco mal por ella, yo terminé el último curso con 18 años y pasaba a ser mayor de edad automáticamente al entrar en Francia, asi que manejaba la herencia de mis padres pero vivía en casa de Cecile como si fuera una pobre estudiante más.

Ella entró en la carrera de Medicina, yo en Psicología. Estuve tres años viviendo con ella en el piso que pagaban sus padres, y durante ese año trabajé en varios empleos como si lo necesitara para pagarme la carrera. Recuerdo que en el que más tiempo llegué a estar fue como teleoperadora de una central telefónica.
En aquel momento, mi mundo era lo único que me importaba. Tenía mi dinero, alguien con quién hablar del día a día, mis estudios, un piso en Paris. Todo era perfecto.

Al final del último año de carrera, me empecé a fijar que alguien me seguía cuando volvía al piso. Al principio solo parecía una sombra en las calles oscuras de la noche parisina, un susurro de mi nombre en labios de la oscuridad, unos ojos centelleantes. Admito que esa sensacion me terminaba helando hasta los huesos, pero tenía cierto aspecto adictivo que me hacía pensar que quizá debería responder al instinto e ir a ver quién me llamaba.
A poco de terminar la carrera, sucedió lo que tenia que pasar. Las sombras en la oscuridad pasaron a revelar la silueta de un hombre trajeado. "Bonita noche, pequeña luna escarlata" - Dijo.

No sabía si con lo de la luna se refería a mi o a la preciosa luna llena anaranjada que iluminaba el paseo del Sena por el que solía volver a casa. Poco me importaba. Ese hombre se acercó a mi, y por las facciones que podía distinguir no parecía ser mucho más mayor que yo, pero hablaba con una madurez que no suele ser propia de gente de su edad. Yo no podía sentir miedo, la adrenalina que corría por mis venas según se iba acercando respondía a impulsos diferentes. Cuando era demasiado tarde para empezar a huir, se me olvidó todo lo que aprendí en las clases de defensa. 

Era como una escultura griega: Pálido, gélido y hermoso. Momentos después me encontraba yendo a un destino totalmente diferente al que seguía todos los días para volver a casa. 

Lo que dijo después una vez habíamos llegado a lo que parecía su piso pulcramente cuidado y bastante céntrico fue: Espero que seas pelirroja natural, porque soy muy especial con lo que me llevo a la boca.
 
De no ser porque estaba embobada con su figura, le habría respondido a lo que en aquel momento parecía una ordinariez. Asintiendo como una tímida chiquilla y tras dejar la chaqueta, bolso y carpeta, me senté en el borde de la cama. Lo que comenzó con un sensual beso en el cuello se convirtió en mi pasaje solo de ida a una vida completamente nueva y diferente.

Y en este, mi segundo nacimiento, es donde empieza realmente la historia.

Al despertarme en la habitación que describía antes, sentí automáticamente una enorme necesidad, pero aún no sabía que era exactamente. Mientras mi sire dramatizaba su forma de fumar, como si fuera un rompecorazones de las películas en blanco y negro, comenzó a hablar con lentitud: Lo que vas a aprender estos días es lo que te guiará el resto de tu vida. Estaré nada más y nada menos que dos meses contigo, después te las tendrás que ingeniar para sobrevivir sola en este mundo repleto de depredadores con una fuerza que ni puedes imaginar. Por cierto, un placer haberte convertido, soy tu sire: Lohan, Lohan Moureau.

En ese momento, algo embargó mi alma, o lo que quedaba de ella. Sentí que dejaría de aburrirme, que la vida de humana se había acabado. En mi estancia con Lohan, me di cuenta de que era un poco arrogante y no expresaba muchas de las cosas que me brindaba esta nueva vida como vampira, como una Lasombra en medio de la capital francesa, es decir, en mi obligación de renunciar al Sabbat incluso antes de saber que era.
Viví con él en su casa. Él me enseñó todos los barrios, el Eliseo, los tipos de vampiros que rondaban las noches, a ser una de ellos. Incluso me presentó a un par de, lo que podria llamarse, amigos. 

Fui presentada al príncipe, aquel que desde las sombras controlaba el rebaño y dictaba directrices a la Camarilla, como neonata de Lohan. Por lo visto no estaba mal visto en la Gran Corte, pero estaba algo nerviosa, asi que no me fijé mucho en como fui recibida. Lo que si supe es que fue sobornado por mi sire para que no saliera a relucir mi clan. Ser un Lasombra, en medio de la Camarilla francesa, no es tan fácil como parece, y menos si eres un neonato al que apenas se le han enseñado las Tradiciones.

Y tras pasar los dos meses, Lohan desapareció tal y como apareció, en medio de la noche.

Cuando terminó esa epoca, decidí que podía volver a requerir la ayuda de Leonard, así que le llamé y le ofrecí trabajo  de nuevo como mayordomo con un par de condiciones: Sólo trabajaría para mi y que no diría nada de lo que ocurría en la casa que estaba encargado de cuidar.

Él accedió encantado, más como si fuera mi verdadero amigo antes que mi criado. De tal forma, una vez llegó, le mandé que encontrara una casa a la que no le diera  mucho el sol, a ser posible alejado del centro de la ciudad. Si hay algo que tenía claro es que no necesitaba gente curioseando cerca.
Tras firmar su contrato y haber encontrado un piso con buhardilla en Montmartre en menos de una semana, cerca de la Iglesia de Saint Pierre, Leonard firmó su sentencia de silencio. Esa casa era a partir de entonces donde yo pasaría el día y él pasaría la noche.

Al cabo de unos pocos meses encontré un puesto de camarera en un local modesto pero siempre lleno de intelectuales donde se tocaba jazz. Un lugar para artistas. No me resultó nada difícil conseguir el trabajo, las dotes femeninas captaron la atención y un gran poder de convicción lograron que me hiciera con el jefe y su hijo. De este modo, Montmartre se convirtió en mi lugar de caza. Aunque de vez en cuando otros vampiros reclamaban territorio no tuve problema para compartir, al menos en ese caso.

Vivir al lado de una iglesia equivale dos amenazas: el clero y otros vástagos no aceptados en la Gran Corte, como los Nosferatu. Gracias a esto, conocí a Clermont, que se enteraba de todos los rumores de la ciudad. No obstante era repulsivo, tanto por su aspecto como por su hedor.

Por el bar pasaba mucha gente, a veces vampiros, otras gente importante y muchas simplemente turistas, pero era indiscutible que en muchas ocasiones volvían para intentar lograr una cita conmigo. Todo depende de la sed que tenga en ese momento. También es innegable que me encantan las emociones  y la pasión momentánea, por eso me quedé en Francia. Por eso innovo en el arte de cazar, como si de un juego se tratara.

De vez en cuando me paso por el Eliseo para guardar apariencias con el resto de Vástagos, pero no me hace mucha gracia relacionarme con tal panda de hipócritas. Siempre he preferido ir por libre, y desde que soy una hija de la noche me es mucho más sencillo.

Así, mientras la luna baña la ciudad, yo paso desapercibida recreándome momentáneamente en el placer carnal más literal.

-Señorita, su coche está preparado para llevarla, ¿dónde deseará ir esta noche?

-Leonard, ¿puedes llevarme al Eliseo? Ayer compré en Gucci un vestido que quiero que admiren muchas de las muertas de hambre que agasajan al Príncipe y su Corte celestial. Con suerte, hasta consigo cena sin forzarme a utilizar la Dominación. –Dijo relamiéndose los labios pintados de un rojo sangre.

3 comentarios:

  1. Ya te comenté por msn, pero se que hace ilusión recibir comentarios en las entradas :P

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  2. si son comentarios consecuentes ^^

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